III

 1. Al otro día las mujeres se dedicaron a despiojarse. Pero los Makunaima se fueron por el campo a flechar pajaritos con su cerbatana.

 2. Había muchos pajaritos por los alrededores, pero no acertaban a ninguno. Uno, de nombre kachipiú o kachipirau, parecía que estaba jugando con ellos. Sus flechitas se iban clavando en los mateurai, pero al pajarito no le acertaban.

 3. Persiguiendo a este pajarito, se les acabaron sus flechitas de la cerbatana. Y no las pudieron recobrar porque al clavarse en los mateurai se iban convirtiendo en florecitas.

 4. Y cuando las flechitas se les acabaron, el pajarito les decía: "¡Kachipiú, kachipiú." "Hermano, escucha qué dice este pájaro", le dijo el más pequeño a su hermano. "El pájaro no dice nada, le contestó el mayor; esa es su manera de cantar"

5. Pero su hermanito insistió: "El está diciéndonos alguna cosa. Espera que yo lo espante para que oigas cómo dice: "-Kachipiú; a-sanin-kón maipai pre-rú." "El está diciendo no os vayáis lejos, la vieja mujer del tigre está envenenando a vuestra mamá."

6. Entonces ellos regresaron corriendo. Pero cuando llegaron, ya su madre se había envenenado con los piojos de la mujer del tigre. "¿Por qué tú envenenaste a nuestra madre?", le dijeron.

 7. La mujer del tigre les contestó: "Yo no; fue ella misma. Yo le dije: los que están cerca de las orejas no los comas, que son venenosos. Pero ella no hizo caso, los comió y se envenenó sin yo quererlo."

8. Cuando estaban en esto, se oyó al tigre que venía, y los Makunaima se dijeron: "¿Qué va a ser de nosotros ?" Entonces a toda prisa masticaron su kumí, se ensalmaron y se convirtieron en niguas y se escondieron en el mismo vientre de su madre.

 9. Y entró el tigre y dijo: "¿Quién mató a esta vieja, caramba? ¿y ahora qué vamos a hacer sino rajarle el vientre y sacarle las tripas para comerla?" y , efectivamente, el tigre rajó el vientre de la vieja y dijo: "¡Qué curioso, tiene unos huevecitos dentro!" 10. "Primero que nada, dijo el tigre, vamos a comer estos huevos." Entonces la vieja los echó a cocer en su olla.

 11. Pero ellos volvieron a ensalmarse; y mientras la olla hervía y decía ¡kurá, kurá, kurá!, ¡chiú, chiú, chiú!, ellos decían: "¡El frío del mar, el frío del mar!" y con esto la olla ni hirvió ni se calentó.

 12. Entonces la vieja trató de romperlos en el pilón. Pero mientras la vieja decía, al golpear con la mano el pilón, "¡Tú, tú!", ellos decían: "¡Saprai, saprai! y saltaban fuera del pilón sin que la vieja pudiera romperlos.

 13. Intentó también la vieja asarlos sobre las brasas; pero de la misma manera saltaban fuera y no los pudo asar .

 14. Entonces los guardó en el cesto, donde suelen guardar ciertas presas de carne y pescado asados y también ocumo y batatas; y al otro día la vieja vio que le habían comido sus presas. Y así sucedió varias veces.

15. Con mucho cuidado procuró la vieja darse cuenta de quiénes eran los que le comían lo que ella guardaba en su cestico. Y un día, escondiéndose, vio que los huevos se rajaban y salían como dos ranitas, que se comían sus presas.

 16. Cuando las quiso coger, a toda prisa se volvieron a esconder en los huevos. Y entonces ella les dijo: "¡Caramba, no hagáis eso; mostraos como sois; en vez de robarme mi comida debíais más bien aparecer como indios para hacerme mi conuco."

17. Entonces ellos aparecieron como indios y en poco tiempo crecieron hasta ser como indios, que pueden hacer conuco. Pero la mujer del tigre no se dio cuenta de que eran los Makunaima, los hijos de la mujer que ella había envenenado con sus piojos.

 NOTAS EXPLICATIVAS

1. El v. 1 nos habla de una costumbre muy común entre pueblos primitivos y de una señal de gran amistad y confianza entre mujeres.

 2. El mateurai, palabra que parece transformación de wate-urai, es una plantita llamada vulgarmente "cagajón de cochino" por su gran parecido. Las flores de esta plantita son, según se dice, de gran semejanza con las flechitas de la cerbatana. y este solo episodio bastaría para transportarnos a unos tiempos ya una región de encantamiento.

 3. El kumí, de que se habla en el v. 8, es el apelativo común de varios vegetales, a los cuales los indios atribuyen efectos mágicos.

 4. Hay cierta clase de sapos que destilan cerca de sus orejas un líquido lechoso; y de ahí la suposición de que nos habla esta leyenda en el v. 7.

 TAURON PANTON 37