1 . LAS GUACAMAYAS PEQUEÑAS ENAMORADAS DE LOS GUACAMAYOS

 

1 . Unos jóvenes Karará (Wadará o Arará) entraron en los ojos de unas jóvenes Kararavá como los mozos más bellos, que se propusieron rondarlos, porque tenían las mejillas de color dorado.

2. Los Karará (guacamayos grandes) se pintaron con karaverú, y las Kararavá (guacamayas pequeñas, que son de otra especie) les dijeron: Pintadnos también a nosotras. Entonces ellos les pintaron la cara, pero con carbonilla o brasas apagadas del fogón, poniéndoles así las caras negras.

3 . Después de haberles pintado la cara, les mandaron ir a su casa a preparar kachirí para el baile. Idas las guacamayas a preparar la bebida, los guacamayos se fueron o huyeron a otra parte. Cuando las guacamayas regresaron con sus camazas de kachirí para obsequiados, ¡caramba! (¡koré!), no encontraron más que el sitio. .. ¡Vaya chasco! (¡Ain!). Pero de nuevo se animaron a buscados y, efectivamente, después de largo rato lograron encontrados. (¡Purutui!). Sí que los encontraron.

4. Las guacamayas se dieron cuenta de que aquellos buenos mozos no las querían, pues ellos se iban alejando y como regresando a su tierra y habían venido sólo de viaje para hacer pequeños trueques de comercio. Eso no obstante, las guaca- mayas los iban siguiendo por todas partes.

5 . En vista de este acoso, a punto ya de entrar en su tierra, ya de vuelta, los guacamayo s masticaron su kumirí (o planta mágica), se hicieron su tarén (o ensalmo) y se asperjaron a sí mismos. Y se alejaron volando rápidamente, lanzando su grito de ¡ka, ka, ka. . .! Y se perdieron de vista, entrando ya en su tierra.

6. Habiéndose huido aquellos buenos mozos, las guaca- mayas no desistieron; al contrario, buscando con cuidado encontraron y recogieron unos pedazos del kumirí que se les había caído a los guacamayos, hicieron también su ensalmo y se fueron también tras ellos volando y gritando: ka, ka, ka. . . !

7. Las guacamayas los encontraron en su casa, pero vieron que los guacamayos tenían allí sus novias y que no les hacían caso; con lo cual se devolvieron tristes, avergonzadas y escarmentadas a esta nuestra tierra.

NOTAS EXPLICATIVAS:

1. Esta narración fue escrita por Ernesto Pinto, senior, el año 1941. Tiempo después se la leí a la india Anseria Silva, que vivía en las estribaciones del cerro Chirikayén (ahora vive en Santa Elena de Uairén), y me dijo: Eso no es cuento es un hecho, que sucedió hace muchos años con unos indios Waikas, venidos de Guyana y unas jóvenes de nuestra tierra (la Gran Sabana); pero los viejos lo adornaron así para disimular el hecho y para mayor risa. Anseria Silva narró la misma historia con .más detalles y con algunos cantares, que están entre las grabaciones inéditas. Por este y otros .muchos relatos,. con que ella me ayudó en mi trabajo de investigaci6n, le obsequié un viaje a Caracas, a la vez que a otros indios pemones. Bajamos hasta el mar y se llevó un gran chasco al querer beber agua, que encontró amarga y salada. Camino de Carayaca para regresar a Caracas, inventó un cantar de ese su chasco. Contemplando desde aquellas alturas el valle de Caracas, exclamó: ¡Serusirán, Jerusalén!

2. La costumbre de los indios era esa: que los hombres pintaran a las mujeres y las mujeres a los hombres¡. De ahí, dicen ellos, que los varones quedaran mejor pintados y adornados (y citan el caso de los gallos, etc.) y las mujeres peor pintadas y adornadas (como las gallinas, etc.). Y dicen que la excepci6n es la culebra sal'oroimá, más bella la hembra que el macho.

3. La creencia en las plantas mágicas, kumirí, existió y persiste en la mentalidad de los indios. pemones y, en cuanto yo sé, en todas las tribus indígenas. ¿No existe también en la mayoría de nosotros?